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8 de febrero de 2012

Yo convoco una huelga general

¿Convocamos ya la huelga?

Por ahora sólo hay algo seguro: el viernes se aprobará una reforma laboral. A partir de ahí, todo especulaciones y filtraciones interesadas que nos tienen en vilo y nos preparan para encajarla: unos hablan de un pulso entre el poli bueno Montoro y el poli malo De Guindos; otros avanzan que facilitará a las empresas con dificultades (es decir, todas) despidos low cost; la ministra no suelta prenda pero dice que no llegará la sangre al río; los enterados pronostican una reforma contundente para ablandar a Merkel en lo del déficit…

Y en medio los trabajadores, esperando al viernes para saber si va sólo de susto o si es de muerte, y sin tener muy claro qué pasará en ese caso: ¿le haremos a Rajoy esa huelga que dice merecer?

Si sobre la reforma tenemos dudas, con la huelga ni les cuento: ¿Debemos esperar a que nos convoquen, o la convocamos nosotros? ¿Nosotros quienes? ¿Y cómo andamos de fuerzas para una movilización que no sea sólo para cubrir el expediente (pues en tal caso sólo serviría para que Rajoy presumiera de reformador implacable en Europa)?

A primera vista, la impresión es que andamos más bien justitos. Cuatro años de crisis, paro, miedo, movilización discontinua y despiste sindical no nos tienen precisamente con la máquina a punto. Ayer leí dos datos que ayudan poco: la precariedad bate récords, con contratos cada vez más cortos; y el año pasado hubo más enfermedades laborales sin baja que con baja. Precarios que no saben si el mes que viene les renovarán, y que van a trabajar estando malos, no parecen los mejores candidatos para una huelga.

Que cuando más necesaria es una huelga, peores son las condiciones para hacerla, es algo normal y no debería llevarnos al derrotismo. Que no sea fácil no quiere decir que no se pueda. Y si los sindicatos no se ven con fuerzas, habrá que buscar nuevas vías de acción sin dejar de contar con ellos, que se trata de sumar. Algo se ha avanzado en las huelgas educativas en Madrid, donde han confluido sindicatos y asambleas autónomas, ensayando formas de organización más horizontales. ¿Lo intentamos? ¿Convocamos?

Columna de hoy de Isaac Rosa en Público

30 de enero de 2012

Gallardón el despolitizador

por Isaac Rosa.
La justicia está politizada, quién la despolitizará, el despolitizador que la despolitice… El ministro Gallardón ha querido ser el protagonista del trabalenguas judicial, y en plena “semana fantástica” de la Justicia (Camps, Garzón, anuncios de reformas de peso) ha prometido despolitizar el gobierno de los jueces, el Consejo General del Poder Judicial, primer paso para una Justicia “profesional” que quede en manos de los togados y donde el poder legislativo meta sus sucias manos lo menos posible.

Así dicho, suena estupendo. ¿Hay alguien que no esté a favor de despolitizar la Justicia? Con el desprestigio que la política se ha ganado, y el espectáculo que tan a menudo han dado los partidos en órganos como el Tribunal Constitucional (el reparto de cuotas, el bloqueo interesado a la renovación, la adivinación de sentencias según quien componga la sala), cualquier encuesta daría un noventa y mucho por ciento de ciudadanos favorables a despolitizarla.

Ahora bien: ¿lo contrario de esta Justicia partidista va a ser una justicia apolítica, pura, escrupulosamente profesional? No lo tengo tan claro. Por ahora, conocido el fuerte peso del conservadurismo entre los jueces, la despolitización que propone Gallardón conseguirá en efecto que deje de haber jueces de derecha y de izquierda, para que a cambio haya jueces de derecha o muy de derecha.

Nos guste o no, la Justicia tiene que ver con la política. Aunque pueda parecerlo, la administración de Justicia no es una ciencia exacta, ni los jueces son máquinas de aplicar la ley dictando sentencias como quien aplica una fórmula matemática. Que el modelo por el que se ha pretendido hasta ahora que la Justicia refleje la composición de la sociedad (que siempre es más plural que la tradicional composición de la judicatura) haya fallado no significa que la alternativa sea el corporativismo, dejar la justicia en manos de sus profesionales, pues por la misma regla de tres acabaríamos dejando que los jueces hiciesen todas aquellas leyes que deben aplicar, que para eso son los que saben del asunto. Ojo con los despolitizadores.