Detrás de cada persona hay tantos anónimos como quiera reconocer. Anónimo es el nombre de la expresión libre que fluye desde el emisor, que no será juzgado, hasta el receptor, que la percibirá huerfana de autor. Anónimo es el nombre de la expresión pura, de la idea libre, del discurso propio.
¿Debieramos ser anónimos? ¿Serían más o menos enriquecedoras las tertulias anónimas? ¿Juzgamos los discursos por quién los dijo? ¿Medimos nuestros discursos por a quién los dirigimos?